Dos señores vacas y un señor torero.

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La tarde de hoy estuvo marcada por la exigencia, el viento y las enormes ganas de un torero, que se crece ante la adversidad.

dsc_2454Fueron dos cuatreñas exigentes y bravas que precisaban de mando y firmeza en el manejo de los trastos.

El maestro Pedrito de Portugal expuso, propuso y dispuso de sus armas para domeñar las exigentes embestidas de las dos cuatreñas que les cupo en suerte.

Vaca brava y exigente acudía con celo a la llamada del picador que hacía la suerte de varas, se arrancaba de lejos y empujaba con fijeza, virtudes que mantuvo durante la faena de muleta y que no permitía errores. El diestro lisboeta se enfundo el traje de maestro para andar presto con las exigencias que marcaba la vaca. Redondos rotundos, largos y con compas, enseñaban el camino a la res que pronta y con la cara baja acudía al cite que le mostraba la pañosa, los naturales profundos, embebido en la muleta, precedían a enormes pases de pecho. El viento presente toda la tarde, hizo emplearse el matador que en una tanda en redondo fue volteado aparatosamente, afortunadamente sin consecuencias, se levantó presto y sin inmutarse, volvía a la cara de la vaca para enjaretarle unas series más rotundas y reunidas si cabe.

Que Pedrito está en un buen momento es indudable y lo ha demostrado en dos exigentes vacas en casa del ganadero Manuel Bajo, propietario del hierro de Las Monjas.

La preparación no cesa de cara a esta interesante temporada, que se presenta esperanzadora.

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