«Homenaje jienense a Ponce»: Curro Díaz se inspira junto a la pata negra de Juan Ortega

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Al son de «Churumbelerías», hilvana el paseíllo sobre el albero jienense la colorida y armónica terna que se puede leer en el cartel, caminando destocado Juan Ortega como debutante en esta plaza como matador de toros. Al finalizar, se escucha un lento y respetuoso «Toque de Oración» en memoria de las víctimas mortales de la Covid-19, dando pie a su término a la emocionante y ovacionada interpretación del Himno Nacional. Saluda la ovación Enrique Ponce tras descubrir su homenaje en forma de azulejo y recibir una placa conmemorativa y diversos lienzos y cuadros en honor a su larga trayectoria, resumida en nada menos que treinta años de alternativa.

Enrique Ponce: rosa palo y oroCurro Díaz: azul eléctrico y oro
Juan Ortega: sangre de toro y oro    Recibe con sencillez el director de lidia y ganándole terreno a Comunero, negro, bajo, hondo, con sobresaliente cruz y de discreta encornadura que acomete enclasadamente en el peto del caballo, tomando una señalada vara en ideal sitio. Espera sin embargo en demasía a los subalternos en el tercio de banderillas, el cual concluye habiendo quedado tan solo cuatro palos, y saludando el último peón en parear. Brindis al público.Inicia la faena por el pitón derecho a media altura, ganándose repentinamente los oles del respetable pese a la pronta y violenta actitud del toro. Consigue templarlo por derechazos, bajándole más el engaño y aprovechando la continuidad y tranco que presenta su oponente a sones del magnífico y torero pasodoble «Gallito». Lo intenta al natural, mas resulta imposible ya que es evidente el defecto que se intuye que posee en la vista, el cual le hace apretar y cabecear de forma agresiva, viéndose obligado el matador a continuar con la mano diestra. Empeora la calidad del toro cuando Ponce no duda en ir a por la espada, dejando un pinchazo y estocada corta. Se atrona al tercer golpe de verduguillo mientras se oye el primer aviso. Saluda desde el tercio la ovación tras los aplausos a la res en el arrastre.

    No consigue lucirse de capa Curro Díaz con el segundo de la tarde, Carterista, de mejor presentación que el anterior, negro, largo, hecho cuesta arriba, bocidorado, bizco del pitón izquierdo y con imponente cornamenta enseñando las puntas, que acomete en infinidad de ocasiones al equino, aunque solamente recibiendo un improvisado y breve puyazo, y posteriormente otro trasero. Se distrae en la suerte de rehiletes, los cuales quedan reunidos y en buen lugar. Brinda al respetable.
Se desentiende sin excesiva entrega el informal y desclasado astado, que, carente de fijeza desde los primeros tercios, desluce la faena del espada. Aporta música la seria composición taurina denominada «Dauder» a la intermitente y sin transmisión serie final. Le propina un desafortunado bajonazo y un posterior pinchazo bajo, dejando finalmente una estocada entera en suerte natural. Saluda la ovación que le otorga el público de Jaén.

    Negro meano axiblanco, listón, bien compuesto, hondo de caja, enmorrillado, bocidorado, ligeramente tocado del pitón derecho y sumamente estrecho de puntas cornialtas es el tercero de Victoriano, que a manos de Juan Ortega no permite el completo lucimiento con el percal de este último. Recibe rebrincado una trasera y prolongada puya, aunque metiendo poderosamente los riñones, y poniendo en grave peligro a los peones en el cuarteo de garapullos, que hacen dolerse al animal y destocarse a los hombres de plata para recoger el premio del tendido en forma de aplausos. Brinda a Enrique Ponce.
Lo conduce hacia los medios con torerísimos y templados doblones por bajo, para luego torear de salón con la «pata palante», sin defraudar nunca a su personal y pura tauromaquia, pese a que se ve obligado descomponer la figura debido a la falta de armonía y no muy boyante condición del morlaco. Lo intenta -en vano- por ambos pitones. Va yendo a peor Adinerado, que desmonta la franela del sevillano. Pinchazo hondo. Estocada entera, perpendicular y delantera en suerte contraria. Ovación para el más novel en alternativa, y pitos para el marrajo en el arrastre.

    Esboza un par de sabrosas verónicas el torero de Chiva en el recibo capotero al cuarto de la tarde, que sale descoordinado de chiqueros y galopando lateralmente con cierto carbón. Quitaluna, melocotón, serio, alto, listón, largo, hondo, badanudo y cornicorto con las puntas hacia arriba, pelea sin clase en la cabalgadura del varilarguero, cabeceando con un solo pitón al tomar una contundente vara, perdiendo tras ella feamente las manos entre la protesta de la afición. Brindis a todos y cada uno de los hombres de su cuadrilla, incluso Mariano de la Viña, banderillero de sus filas que se encuentra en proceso de rehabilitación tras la espeluznante cornada que sufrió el pasado año.
Se cae desplomado el cornúpeta tras los primeros muletazos de probatura. Carece notablemente de transmisión, que cada vez va persiguiendo la pañosa con más desgana. Torea al natural, aunque intentando solventar la misma condición de su oponente. Suena el pasodoble «Domingo Ortega», que no tarda en cesar. El toro ha debido ver en algún cartel que se homenajea a su lidiador, y estará embistiendo por simple compromiso. No se puede tener menos entrega. La palabra «emoción» pienso que no la conocen ni el de rosa palo y oro, y menos el segundo de su lote. Se queda este último prácticamente inmóvil, creo yo que ensayando para el venidero procedimiento de taxidermia. En contrapartida, ejecuta el diestro la poncina sin motivo ni razón, firmando esta contradictoria faena donde el aburrimiento ha sido el claro dominador con su habitual abaniqueo. Sigue toreando -cuando el presidente asoma ya el pañuelo blanco para los clarineros- por si cuela la posibilidad de indulto… tal y como están las cosas me espero ya cualquiera burrada. Lo hace despacio, pero por el mero hecho de que tiene un moribundo carretón delante, no porque lo esté templando meritoriamente ni mucho menos. Pinchazo trasero. Estocada entera, desprendida. Oreja (vaya pésimo lugar en el que acaba de quedar la afición jiennense). Maestro Enrique, le agradezco mucho su esencial e innegable labor en esta atípica temporada. No obstante, tan sólo le pido un favor: la próxima intente ser un poco más realista: para fantasía y mentirijilla nos vamos al teatro.

    Cóndor llamaron al quinto en la finca madrileña, negro, bien moldeado, enmorrillado, hecho ligeramente cuesta arriba y armado en cornidelantero, que de nuevo no facilita un lucido saludo con la capa. Le otorga el picador un leve y corto puyazo, y otro con más castigo, saludando más tarde los banderilleros al dejar dos pares de avivadores de categoría.
No se anda con rodeos el linarense en el comienzo de faena, toreando a placer desde el primer verso de su obra. El burel presenta tranco, recorrido y nobleza, además de una asombrosa transmisión que aprovecha genialmente el de azul eléctrico y oro. Nos deleita desmayado con la mano zurda, derrochando ese descomunal lote de arte y torería que su porta en su interior. Sensacional el maestro Curro Díaz con un fastuoso victoriano. Estocada entera y delantera en suerte contraria. Dos orejas, en mi honesta opinión bastante merecidas como tributo a la interesante actuación que ha dibujado sobre el ruedo el que hizo el paseíllo a la derecha de la terna.

    Empieza a cortar jamón de la más negra pezuña el diestro trianero, lanceando con extrema suavidad y cadencia a la verónica al sexto morito del festejo, y abrochándose una carísima y muñequeada media que hace levantarse a buena parte del tendido. Señala el del castoreño con la vara al negro, serio, alto, hondo, fino, manicorto, estrecho de pitones y bizco del zurdo. Quita con torería  venerando la chicuelina, quedando desiguales los palitroques.
Cala en el público desde el brindis al mismo. El encastado animal es el lienzo perfecto para pintar sobre él la más torera obra de arte, la cual se hace realidad mediante las telas de Juan Ortega. No puede estar mejor, incrementando a su vez el ánimo del público, quien acompaña con palmas al pasodoble. Le da tiempo al natural, cogiendo el estaquillador por el centro y citando de frente, siempre de frente. Vacía completamente los pases de pecho, prolongando la embestida a la hombrera contraria como hacen los matadores con verdad y pureza. Escribe un epílogo de caché, emborronado con un mísero pinchazo hondo. Le cuesta cuadrar al último, que no presenta una gran fijeza, pero finalmente propinándole un estoconazo en todo lo alto. El clamor de pañuelos es más que notable, pidiendo que se desoreje a Basurilla -no en vano-, el cual ha delatado a su nombre y es premiado con una vuelta al ruedo en su arrastre. Sale de la plaza entre aclamaciones de «Ortega, Ortega». Tomen nota de él, no tardará en situarse en el nivel de los más grandes.

La corrida de Victoriano del Río ha tenido correcta presentación, apta para una plaza de segunda categoría. Con escasa variedad cromática, y de juego casi nulo los tres primeros toros. A destacar el quinto, con gran clase, tranco en la acometida y nobleza, que sirvió de inspiración para Curro Díaz; y el sexto, encastado y con un recorrido extraordinario.
Enrique Ponce:  ovación y oreja.-Curro Díaz: ovación y dos orejas.-Juan Ortega: ovación y dos orejas.Imágenes: capturas realizadas del resumen de la corrida, retransmitida por Movistar Toros.- ENTRADA: Tres cuartos del aforo permitido –

Cronica de Romero Salas

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