La clase de Miguel Porta en el primer tentadero del Bolsín «Coso de los Donceles» de Lucena

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Abre plaza en una calurosa mañana Fuentes Bocanegra, con chaquetilla negra de corto, saludando a la primera vaca, castaña, peligrosa de salida, con un puro ramillete de verónicas y con gracia torera, conduciéndola posteriormente a los medios para recibir tres puyazos por parte del piquero Álvaro Marrón, citando con los pechos del caballo durante toda la jornada.

    Toma la muleta Joselito de Córdoba, ataviado de gris, comenzando por alto debido a la evidente falta de fuerza del animal, que dobla constantemente las manos. Sin embargo, la encauza en los medios por el derecho sirviéndose de gran verticalidad y pureza, sin pasar desapercibido con naturales de cartel, aunque en ocasiones empañados por las caídas de la vaca. Se despide a pies juntos, bajando más la mano y por tanto desvirtuando la figura. Remata con un soso martinete cuando la becerra cae por enésima vez.

    Coge de nuevo el testigo Fuentes Bocanegra, quien a pesar de su descomunal entrega, se dobla rompiendo con la estética de la figura erguida. Aprovecha lo poco que le ofrece la bicorne con luquecinas sin ayuda y un desplante desprendiéndose de la muleta, fiel reflejo de que ha venido a por todas.

    La segunda vaca, de mejor presencia y de pelo melocotón, es recibida por Víctor Barroso, con chaquetilla negra, flexionando la rodilla y bregando con rapidez para dejarla en el centro del ruedo y tomar dos puyazos en su sitio.

    Sale Alejandro Chicharro, de marfil, iniciando con doblones por bajo y frecuentes cambios de mano colmados de excepcional naturalidad. Más tarde pierde verticalidad en la planta, con gran pico en la muleta por el pitón derecho y finales de serie estropeados al ser desmontada la franela. Concluye con un martinete invertido, carente de torería.
        Turno para Barroso que consigue templar a su oponente, adornando con variedad de afarolados y cambios por la espalda, pese a que no consigue excesiva transmisión. La vaca va a menos, perdiendo además humillación y recorrido.

       Baja toreramente la mano de capa Germán Vidal «El Melli», de verde botella, con cierta soltura y poderío. Toma dos medidas varas la de Isabel Sánchez de Alva, abajo del lomo y fuera de su sitio.

        Deleita Pepe Martínez, con chaquetilla azul marino, de concepto del toreo seguro y enrazado. Aprovecha la fijeza y actitud boyante de la vaca para moldear naturales que calan verdaderamente en el alma con señorío, gran colocación y calidad torera, llevando largo el muletazo.

        Tampoco decepciona El Melli con la mano zurda, conduciendo la embestida a la hombrera contraria en los pases de pecho. No obstante, cuando mejor predisposición y más fuerza presenta la de capa negra, el novillero pierde pureza, retirando la «pata atrás» y estropeando la figura erguida, inventándose la faena sin orden ni clase, y bajando nivel en cuanto a colocación.        

        Sale del burladero Álvaro Solís, de negro, lanceando sin mucha quietud a un animal que viene de chiqueros con desorbitado carbón. A pesar de las tres entradas al caballo, surte poco efecto el castigo impuesto.

        Le sigue Juan Enrique Denamiel, de gris plomo que no consigue entenderse con su adversario debido a que éste último carece de chispa y tranco por ambos pitones. No logra vaciarse el torero.

        Álvaro, por su parte, le roba algún que otro natural con clase y encajando la cintura, pero de uno en uno, lo que hace que falte transmisión. La vaca, albahía, se desfonda a pasos agigantados.

        No consigue Alfonso Alonso, con chaquetilla azul marino, estirarse a la verónica cuando deja a la quinta del encierro en los medios. Lleva a cabo dos acometidas al peto, quedando la pica arriba en la primera, y fuera de sitio en la segunda, señaladas ambas.

        De gris se presenta Miguel Porta, que liga al natural con magistral pureza, «pata alante», sabiendo cómo colocarse y desplazando el de pecho a la hombrera contraria. Se adapta con facilidad a la inquieta embestida de la de la ganadería gaditana, con clase y torería.

        Lleva largo el pase Alonso, aunque sin óptima colocación y con transmisión decreciente frente al animal, negro y con notable predisposición.

        Le toca a Adrián Orta, vestido con chaquetilla azul marino, que dibuja cuatro o cinco verónicas de clase y poder. Sitúa cortita del caballo a la vaca, colorada, berreando de salida aunque mostrando boyante condición. Toma tres puyazos señalados, uno de ellos en los medios.

        Concluye el tentadero José A. Cañero, de gris, que levanta los oles del escaso tendido flexionando rodillas por alto y desplazándose con temple al centro de la plaza. En alguna que otra serie para los relojes. Despacio.

        También da Orta de qué hablar, toreando con gusto en redondo dada la magnífica actitud de la cuadrúpeda. 

ENTRADA: Un quinto del aforo permitido-
Imágenes: autor.Romero Salas

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