Sin rotundidad, en tarde muy torera

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Tarde de muchísimos matices, toros y buen toreo el que se vivió ayer en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Tres jóvenes toreros, entre los tres suman cuatro años de alternativa, que están llamado a ser las figuras del futuro dieron una tarde de toros de las que sin un triunfo con rotundidad quedará guarda en la memoria de todos aficionados. Frente a una gran corrida de Torrestrella, que por momentos pidió más de lo que se le dio.

Cuando uno va a la taquilla con ese papelito donde vienen impresos todos los carteles de la temporada y se pone a elegir carteles, la economía actual no da para un abono y menos en Sevilla, normalmente el que se dio ayer por la tarde en la Maestranza suele estar entre los 3 o cuatro últimos en la lista de preferencias del público actual que acude a la plaza. Sin embargo es de esos carteles que los buenos aficionados y entendidos en la materia, teníamos puesto el primero en la lista y sinceramente no nos hemos equivocado.

Una tarde la de ayer, que quedará marcada en el recuerdo de todos los que estuvimos ayer en la plaza (poco público y mucho aficionado), ya que pudimos presenciar todos los conceptos básico de lo que es el buen toreo, profundidad, ligazón, temple, hondura, mano baja, torería, rivalidad, duelo, colocación, medida, cabeza, tiempo, raza, nobleza, galope, ímpetu, todos estos concepto de una u otra forma, en mayor o menor medida lo hubo ayer en Sevilla.

Dos toros extraordinarios los que D. Álvaro Domecq lidió ayer en Sevilla, tercero y cuarto, el resto quitando el primero (un marmolillo en la muleta) se dejaron pero no tuvieron la clase de sus hermanos, el cuarto pueden apuntarlo a toro de la feria.

Profundo, maduro, templado, con cabeza y sitio pero sobre todo con torería mucha torería y toreo caro fue el que derrochó Garrido en sus dos toros, principalmente en el segundo. Ya en el que abrió plaza ejecutó un ramillete de verónicas y de toreo de capa que hacía mucho tiempo que no se veía por estas tierras. En la muleta llegó el animal prácticamente muerto una pena porque de tener un poco de más motor hubiera sido otro gran toro. Pero llegó el turno del cuarto de la tarde, “Ruidoso” de nombre gran animal el que trajo D. Álvaro a Sevilla, peleó en el caballo, templado en la embestida, con fijeza, nobleza y recorrido un toro de los que te ponen en su sitio y Garrido sin llegar a la rotundidad que pedía el animal estuvo cumbre. Enorme la tarde del extremeño que le cortó una oreja al cuarto, demostró que puede y quiere llegar a los sitios de privilegio, pero sobre todo que tiene un gusto y un temple con el percal, sólo los elegidos pueden moverlo de ese modo.

Lo mejor la torería con la que dibujó cada lance por ambas manos, los remates saliendo de cada tanda, la templanza en cada muletazo, los tiempos que le dio al animal, la profundidad y el alma en cada gesto y movimiento que hacía en la cara del toro. Probablemente me estaré equivocando, pero hoy puedo decir que Sevilla puede encontrar a su torero en José Garrido.

Debutaba en la Maestranza Álvaro Lorenzo, buenas sensaciones las que dejó el toledano en el Arenal. De no ser por la espada,-¡que dos bajonazos!-, probablemente también podríamos estar hablando de un gran triunfo por parte de este joven espada. Poco pudo hacer ante el quinto soso y flojo Torrestrella. Pero fue en el segundo de la tarde donde demostró el porque está llamado a mandar en esto, junto a sus dos compañeros. Toreó con mucho temple y armonía a “Mentiroso”, gran toro el de D. Álvaro. Pecó de torear muy pegado a tablas lo que hizo que el animal no diese todo lo que llevaba dentro y produjo altibajos en la faena.

Mala suerte tuvo el jerezano Ginés Marín dio con el peor lote de la tarde, el tercero un animal sin casta ni bravura, noblote y soso que no permitió que el joven espada derrochara el buen toreo que lleva dentro. El sexto con algo más de recorrido pero muy bronco en las embestidas, permitió por momentos el toreo al natural pero sin llegar a una continuidad.

De ese modo terminó una tarde, llena de matices y buen toreo, que nos dejó el buen sabor en boca de un vino, joven, caro y sólo para paladares exquisitos.

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