Toreros de ayer: Emilio Silvera González. (Parte II).

Con la reapertura de la plaza de La Merced comienzo el idilio entre el torero y la plaza y que, al día de hoy, se resume en veintidós corridas toreadas, con 49 toros matados, con veinte faenas premiadas con una oreja y tres con las dos, habiendo recibido un total de diez avisos. A estas cifras hay que añadir las tres novilladas y seis festivales en los que ha intervenido y que le hacen ser el torero que más actuaciones ha acumulado en esta plaza., con 31 paseíllos en su haber.

Su debut en La Merced se produjo el 30 de julio de 1.984, alternando con Salvador Ortega y Lucio Sandín con utreros de Soto de la Fuente. La afición onubense tuvo la oportunidad de disfrutar con un incipiente Emilio Silvera que redondeó una gran actuación, con momentos sublimes, preñados de arte y valor. Dejó retazos de gran torero, con una técnica insuperable y la facilidad que tuvo para conocer las cualidades de sus dos oponentes. Dentro de su amplia labor muleteril, los mejores momentos los alcanzó cuando toreó al natural en el mismo platillo de la plaza y el prodigioso remate del pase de pecho que hizo enloquecer a los tendidos. De ahí que, al concluir con su primero de dos pinchazos, le concedieran dos orejas, trofeos que aumentaría con el rabo del que cerró plaza, durante el que entusiasmó a los tendidos que se rindieron ante las buenas maneras del torero onubense, al que vitorearon antes de salir del coso a hombros de un numeroso grupo de partidarios, que habían disfrutado con su actuación y empezaban a vaticinar sobre un futuro prometedor.

Unos días después, el 26 de agosto actuaba junto a Miguel Conde y Lucio Sandín ante utreros de Juan Gallardo Santos. Los espectadores habían acudido a los tendidos con muchas ganas de disfrutar de la actuación de Emilio Silvera, pero, en esta oportunidad, el novillero onubense tampoco encontró ocasión de lucimiento con el primero de su lote, ante el que estuvo muy voluntarioso y con muchas ganas de agradar a sus numerosos seguidores, que comprendieron que había pocas opciones de triunfo. Aun así, el joven novillero onubense se entregó por completo en sacar partido donde no era posible y, en el último de la tarde – que causó contusiones leves al banderillero Antonio Galisteo – se tiró a matar con mucha decisión, saliendo del embroque con las taleguillas rotas y, afortunadamente, sin consecuencias para su integridad física. Y esa actitud de Emilio Silvera llegó a los tendidos que pidieron la oreja que paseó al término del festejo entre la satisfacción de los espectadores.

Su última actuación como novillero se produjo el 30 de julio 1.985, haciendo el paseíllo al lado de José Miguel Arroyo “Joselito” y Rafael Gago con novillos de Luis Algarra. Los aficionados tenían muchas ganas de ver de nuevo a Emilio Silvera tras sus éxitos en diferentes plazas. Pero el onubense tampoco tuvo enfrente enemigo alguno en el primero de su lote, por lo que apenas pudo lucirse entre la frustración de sus seguidores, que quedaron muy desencantados por las condiciones del novillo. Con el quinto, un animal que tuvo algo más fuerza, pudo lucirse en una faena con ambas manos, en las que cuajó series de interés pero la estocada desmereció su labor. Le fue concedida una oreja pese a la insistente solicitud de las dos y, al no otorgarla segunda la presidencia, el novillero, con feo talante, despreció la entregada, arrojándola al suelo y pasear el anillo con albero en sus manos mientras el público abroncaba a la presidencia.

Artículo de opinión de Vicente Parra Roldán.

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