Toreros de ayer: Emilio Silvera González (Parte VI)

Otra fecha histórica fue la del 13 de mayo de 1.993 cuando se encerró como único espada en una corrida a beneficio del Recreativo de Huelva. Lidió reses de Garcibravo, José Luis Pereda, Hijos de Celestino Cuadri, José Ortega y Diego Garrido. El festejo estaba gafado y, a la hora del reconocimiento, sólo había reses de cinco hierros y, para colmo, una de ellas era un novillo, el enviado por José Ortega Sánchez. La autoridad gubernativa, con el consentimiento de los restantes ganaderos, miró hacia El Cabezo y permitió su lidia como toro, sin que el gran público llegase a enterarse de esta situación surgida a última hora.

Fortísima fue la ovación que acompañó a Emilio Silvera, que, para la ocasión, estrenó un terno champaña y oro, cuando apareció en la puerta de cuadrillas y durante el paseíllo y que fue el preludio de la entrega que todos los espectadores tuvieron hacia el torero por su decidido gesto a favor del Recreativo. Además, en los tendidos se pudieron contemplar algunas pancartas agradeciendo al diestro su gesta y su apoyo al conjunto futbolístico.

El primero de la tarde llegó muy parado a la muleta, estrellándose los buenos propósitos del torero que dejó muestras de las ganas que tenía. Acabó pronto de dos pinchazos y media para recibir unas palmas a la voluntad y de ánimos para el resto de la tarde. Recibió con jaleadas verónicas al segundo, que tuvo un buen comportamiento, del que supo aprovecharse Silvera para sacarle series con ambas manos entre las ovaciones del público, por lo que, pese a necesitar de dos pinchazos y media, le galardonó con el primer trofeo de la tarde que paseó entre la ovación de los espectadores.

Bullidor y con ganas recibió Emilio al tercero, un animal que, por sus muchos kilos, se fuera apagando, pero su nobleza y temple permitió al torear enjaretar algunas series estimables. Sin embargo, falló a espadas por lo que cambió el triunfo por el recado presidencial que recibió. Fue muy aplaudido por cuanto los tendidos estaban con el torero. Superó las condiciones del cuarto, que se rajó y se entableró, pero Emilio logró que el animal siguiera la muleta en pases muy estimables, coreados por los tendidos que, al matar de una gran estocada, le premió con las dos orejas en medio de la general alegría de todos.

También los kilos hicieron que el quinto se apagase muy pronto, por lo que Silvera, en plan maestro, lo macheteó por la cara antes de entrar a matar, tarea en la que no estuvo muy afortunado. Nuevamente, palmas a la voluntad al comprender el público las nulas condiciones de su oponente. En el que cerró plaza, cuya faena brindó a Paco Toronjo, hizo lo imposible para corresponder al brindado y, con buna buena estocada, terminó con él y cortarle el cuarto trofeo de la tarde entre las ovaciones del público.

Emilio Silvera fue alzado a hombros para salir por la Puerta grande como agradecimiento por la gesta llevada a cabo, mientras los espectadores salían satisfechos de la labor realizada por el torero en una tarde comprometida y de la que supo salir adelante con mucha dignidad y con el reconocimiento de todos cuantos habían acudido a acompañarle en este benéfico festejo. Y todos contentos, menos los organizadores que lograron una menor recaudación de la prevista en un principio a pesar de la excelente entrada que hacía presagiar que los objetivos económicos se habían cumplido.

Retornó a su plaza el 1 de agosto de 1.993, actuando junto a Litri y El Cordobés ante reses de Hijos de Celestino Cuadri. Emilio Silvera estuvo toda la tarde muy decidido y con muchas ganas de triunfar, como empezó a demostrar con el que abrió plaza al que supo ahormar a su muleta, aunque, posteriormente, fallase a espadas al necesitar de dos pinchazos y media, cambiando el trofeo por un aviso mientras se le ovacionaba con fuerza. Brillante tercio de varas el que protagonizó el cuarto de la tarde, empujando con fuerza a la hora de recibir un puyazo en todo lo alto. Con la muleta, Silvera lo amoldó en dos buenas series de derechazos largos aprovechando la casta de su oponente. Una buena labor que, al ser refrendada con media estocada y un descabello, fue premiada con una oreja.

Artículo de Vicente Parra Roldán.

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