EMILIO SILVERA BRILLÓ MAS QUE LOS FOCOS

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Por Vicente Parra Roldán

Concluido el ciclo colombino, para el día 25 de agosto de 1.990 se organizó una corrida con ocasión de la inauguración oficial del alumbrado público del coso. En honor de la verdad, hay que decir que la iluminación artificial era poco intensa, por lo que no permitía una visión perfecta de cuanto sucedía en el ruedo.

En esta ocasión se buscó una corrida del Marqués de Domecq, que estuvo bien presentada, aunque las reses carecieron de las fuerzas suficientes y presentaron algunos problemas que fueron bien resueltos por los matadores. La res que salió en segundo lugar fue devuelta a los corrales por coja, siendo sustituida por otra de la misma ganadería.

Abrió plaza José Luis Parada que no estuvo bien a lo largo de todo el festejo. Con su primero no logró confiarse en ningún momento y, de ahí, que tampoco llegara a acoplarse con su oponente. Tampoco estuvo afortunado a la hora de matar y todo quedó en un significativo silencio. Repitió actuación con el cuarto para cerrar una actuación no muy lucida y que tuvo su momento más emotivo cuando José Luis, a cuerpo descubierto, le realizó un quite a Manuel Morales El Rabioso tras un par de banderillas del que salió comprometido.

Emilio Silvera, consciente de que el público había acudido a presenciar su actuación, completó una muy atinada actuación con sus dos oponentes, con los que trató de lucirse en los lances de recibo. A su primero lo toreó fundamentalmente con la mano derecha, con la que cuajó varias series muy estimables y que llegaron con mucha facilidad a los tendidos que disfrutaban con el quehacer del onubense que, al matar de estocada entera, le supuso la primera oreja de la noche. Con el quinto, Emilio Silvera realizaría otra faena muy similar aprovechando que también el pitón derecho era el más potable del animal. En esta ocasión, necesitó de dos pinchazos antes de dejar una estocada, pero las buenas series que había logrado enlazar durante su trasteo quedaban en las retinas de sus partidarios que solicitaron el trofeo que le permitió salir a hombros por la Puerta grande.

Juan Pedro Galán se presentó en este festejo sin completar su cuadrilla, algo inusual en una corrida de toros en una plaza de segunda categoría, pero la autoridad lo permitió sin problema alguno. Su primer enemigo presentó muchos problemas y el joven jerezano demostró que estaba aún muy verde tras su reciente alternativa. Terminó de un bajonazo y el público guardó un significativo silencio. Se desquitó con el que cerró plaza, realizó un trasteo basado en la mano derecha en los medios que gustaron a los tendidos. No encontró ocasión de lucimiento por el pitón izquierdo y, al terminar de estocada y un descabello, fue obsequiado con una oreja como agradecimiento a la brevedad de su actuación.

En esta ocasión, y como sucede fuera de las Fiestas Colombinas, la afición taurina onubense no respondió y los tendidos no llegaron a llenarse ni en su mitad a pesar de la presencia de Emilio Silvera y del atractivo de la inauguración del alumbrado. Pero, al final, satisfacción por el nuevo triunfo del torero de la tierra, que salió en volandas de sus partidarios después de haber estado más brillante que la iluminación.

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