TRIUNFO JESULIN DE UBRIQUE

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Por Vicente Parra Roldán

Una vez que pasó a la historia la denominada Corrida de La Hispanidad, la empresa decidió organizar, para el 23 de agosto de 1.991, un festejo dedicado a los veraneantes que, por esas fechas, se encuentran en nuestra provincia. Y, realmente, la primera edición pareció gafada.

En principio, se anunció un cartel integrado por César Rincón, José Miguel Arroyo Joselito y Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique con reses de Mary Carmen Camacho. Pero empezaron las dificultades, con una cogida sufrida por el diestro madrileño, que fue reemplazado por el portugués Víctor Mendes; después, el colombiano se cayó del cartel al sustituirse el encierro anunciado por otro de Fermín Bohórquez, por lo que, en su lugar, entraría Emilio Silvera. Tantas alteraciones hicieron que decayera el ambiente para el festejo seminocturno y, al final, apenas se alcanzara la media plaza cubierta que, antes de que se iniciara el festejo, mostró su malestar con la empresa por tantos vaivenes sufridos en los días previos y que, hasta poco antes, no se conociera el cartel definitivo del festejo.

Las reses de Fermín Bohórquez estuvieron bien presentadas, con trapío suficiente pero carecieron de fuerzas que, unido al fuerte castigo sufrido, hicieron que llegasen muy paradas al tercio final, destacando el toro que abrió plaza así como el último que tuvo algo más de recorrido.

Víctor Mendes se lució en el tercio de banderillas, especialmente en dos pares brillantes de poder a poder, pero no pudo redondear con la muleta por cuanto el cabeceo de su oponente le imposibilitó acoplarse, además de que el lusitano no terminase de confiarse. Tras una buena estocada, saludó desde el tercio. Volvió a lucirse con las banderillas ante un toro que, al no ofrecer ningún tipo de posibilidades de lucimiento, mató con prontitud para ser ovacionado.

Mucha voluntad y entusiasmo puso Emilio Silvera a lo largo de todo el festejo, pero se encontró sin muchas posibilidades de triunfo a lo largo de toda la noche. En su primero tuvo algunos, pocos, momentos de lucimiento y, para colmo, no usó bien los aceros, por lo que fue avisado. Peor fue el quinto, prácticamente parado, y el onubense tan sólo pudo estar por la cara con cierta brevedad antes de repetir actuación a la hora de matar, escuchando otro recado presidencial y, desde los tendidos, le llegaron algunas palmas al rematar su actuación que no llegó a satisfacer a sus incondicionales.

Buena actuación de Jesulín que fue capaz de hacer a su primero, un animal por el que nadie apostaba, pero el gaditano fue consintiéndole hasta lograr llevar a cabo un trasteo que satisfizo a los espectadores que le premiaron con una oreja, siendo muy aclamado al pasear el redondel para agradecer el premio concedido. En el que cerró plaza, quizás el mejor de todos cuantos compusieron el encierro, el joven torero gaditano supo coger la distancia para construir una faena muy bien llevada con ambas manos y con los excelentes remates de pecho con los que abrochó las diversas series de su jaleado trasteo. Destacó el temple que puso y, al dejar media estocada y un descabello, fue premiado con otra oreja, por lo que salió a hombros.

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