La medida en el toreo.

Tercera de Fallas.

Tarde desapacible, viento huracanado con lluvia por momentos y el frío invernal de calar huesos muy propios de estas calendas, mientras los toreros esclarecen la posibilidad de la cesación del festejo por los motivos antes citados, finalmente deciden consensuar pareceres y  celebrar la corrida.

Dos tercios de entrada en el coliseo de la calle de Játiva y con el recuerdo de los cuarenta años como matador de toros del admirado Vicente Ruiz El Soro, exponente del toreo valenciano y precursor de un movimiento rutilante por tiempo indefinido  el sorismo hoy en la memoria de algunos muchos por siempre, Valencia rinde homenaje a uno de los suyo por merecimientos propios.

Hoy una terna con la afinidad en expresiones y de talentos gemelos pero con personalidades antagónicas, terceto de sevillania plena, Morante, Ortega y Aguado, ingeniosos en formas y en fondos, hoy por desgracia la corrida de Juan Pedro Domecq no embistió, sobrada de presentación pero de ínfimo juego a excepción del sexto que le bastó las treinta arrancadas que tuvo.

Morante en la línea consecuente y  con el trazo de la verónica acompasada con la solemnidad y el desparpajo, con una media de portento en el cuarto instrumentó una serie con la muleta de un arrojo inusual siempre cruzando al pitón  contrario en el otro que dispuso fue ovacionado justamente.

Ortega es el mejor capotero de la actualidad en su primero se conforma en tatuar cuatro verónicas de ensueño, parece una quimera como Juan Ortega descifra el manejo del trapo con el temple y la gracia más conseguida, por lo demás sin suerte en su lote.

Aguado nada en el tercero a pesar de perseverar ante lo imposible y cortó un apéndice al sexto después de estructurar una faena corta y descifrar la medida en tres tandas donde la templanza y la naturalidad pondera por siempre, los tirones no existen por fortuna y gracias es una figura consecuente, oreja, la medida del torero está al alcance de muy pocos.

Hoy me siento con la dicha de poder hablar de toros que es ya es bastante para los tiempos que corren.

Crónica de Alfonso Leandro.

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