Morenito y su toreo clásico se imponen frente al recital de versos caros de De Justo

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MORENITO DE ARANDA Y EMILIO DE JUSTOPLAZA DE TOROS DE ESTEPONA, MÁLAGA
Ganadería: La Quinta
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La solemne irrupción de «La Entrada» aporta música al particular, extraño y desaborido paseíllo, comenzando y terminando en el mismo punto de la puerta de cuadrillas-presidencia, desfilando el descoordinado alguacilillo por un lado, los maestros -a la par- por otro, cuando repentinamente y sin rodeos asoma el pañuelo blanco el presidente.

Morenito de Aranda: burdeos y azabache, con el chalequillo bordado en oro

Emilio de Justo: negro y oro, con hombreras y alamares a lo antiguo, y fajín y corbatín granas.

Saluda con buen gusto Morenito al primero de su lote, Mielero, cárdeno bragado, meano, girón y axiblanco, serio, bajo, armónico, rematado y de correcta encornadura. No pone mucho de su parte el piquero, variándosele la vara en demasía y perdiendo el control de su caballo mientras el toro agarra el peto por los pechos, mientras más tarde baja el de Aranda el capote en los medios, luciéndose en un nutrido y templado ramillete de verónicas, y rematando con una sabrosa media abrochada en la cadera. Colocan con aparente facilidad los reunidos palos los subalternos. Brindis al cielo.
Acaricia por alto el diestro, conduciendo al animal hacia la boca de riego, que principalmente no destaca por una extremadamente boyante embestida. Lo torea al natural en el mismo lugar, cuando la res echa la cara arriba en mitad del muletazo, característica que desluce completamente la entrega de su lidiador. Es por esta causa que engancha excesivamente la franela, recortando el recorrido y también la clase. Persigue el engaño con nobleza, abundando los cambios de mano, aunque ya perdiendo humillación y emoción, a sones del pasodoble «El Tío Caniyitas».  Pincha de manera tendida, dejando posteriormente una estocada entera en suerte natural, algo trasera. Se ve obligado a recurrir al descabello, el cual le es propicio. Pide la oreja -concedida- el escaso público, casi de tentadero, con la misma sosería que ha demostrado el toro.

Deleita Emilio de Justo estirándose a la verónica con suma despaciosidad y cadencia, ganándole terreno a su adversario… y ya se imagina usted la media, aumentando si cabe el nivel de torería el varilarguero, al recibir de frente al segundo de la tarde, quien le ofrece con prontitud y firmeza la pica, quedando ésta ligeramente trasera sobre el lomo de Coquinero, negro bragado, bien construido, largo, enmorrillado, cornicorto y estrecho de puntas. Tiene que pasar en falso el primer banderillero, para más tarde parear de forma desigual. Inicia la faena Emilio fiel a su tauromaquia, captando la atención del espectador desde la primera pincelada. El temple es el protagonista en los siguientes compases de su obra, alternando ambos pitones y prolongando los pases de pecho a la hombrera contraria. En contrapartida, no tiene otra que abreviar decidido a por el estoque de matar, dados los irreversibles defectos que acaban de florecer en el astado mientras cesa el mítico «Gallito». Mata de estocada entera en ideal sitio, la cual le vale un apéndice del desvirtuado cornúpeta.

Gusta la presencia del aplaudido Peluquín, cárdeno oscuro, con gran trapío, serio, rematado, hecho levemente cuesta arriba, enmorrillado, badanudo, de destacada cruz y correcta conformación de pitones. Es recibido con variedad de verónicas, delantales y una vistosa larga cordobesa. Otra demostración de que Jesús Martínez Barrios viene a por todas, exponiendo su clásico, encomiable y diverso toreo de capa. Mete riñones el toro con clase y poderío en el peto, pese a que se duerme con la cara arriba, despertándolo a su vez el director de lidia, quitando a cámara lenta y permitiendo intervenir además al sobresaliente Pepe Luis Gallego, de rosa palo y oro con remates en negro. Graba este último un par de verónicas y una acelerada media para dar lugar a un dificultoso tercio de garapullos, debido a la maliciosa actitud que les presenta el de la divisa encarnada y amarilla. Brindis al micrófono de Movistar Toros, en señal de agradecimiento a la labor del sector taurino en esta atípica temporada. Tranquea con extraordinaria humillación y recorrido el encastado tercero del festejo, que permite el lucimiento de Morenito de Aranda. Torea con gusto por abajo, aprovechando la magnífica fijeza y repetición que expone el burel mientras se escucha el clásico «El Gato Montés». El prolongado recorrido se une a la sucesión de características de este afable ejemplar, que no tiene una pega ni por hechuras ni por comportamiento. Hierve la transmisión en el tendido al natural. Sin embargo, se va apagando el virtuoso y encastado animal, premiado con la vuelta al ruedo en su arrastre tras una estocada entera en los rubios, que también hace asomar un par de pañuelos blancos al presidente. Dos orejas para el gallardo torero arandino.

Se abren los chiqueros para el cuarto de la corrida, Ballestero, el más alto del conjunto de ejemplares, cárdeno bragado, careto, girón, hondo, alto de cruz, badanudo, capacho de pitones y tocado del derecho, el cual es recibido de capa con alguna que otra verónica de caché por parte de De Justo. Humilla más contra el equino que su anterior hermano, quedando parejos los avivadores. Rompe la torera composición musical «Tercio de Quites» para corresponder a la obra con el mismo calificativo que se esboza sobre el albero malagueño. Imprime el extremeño torería en su genial colocación frente a la cara del encastado de La Quinta. Se inspira con excelsa elegancia por ambas manos, siempre con pureza, mientras presenta fijeza y armonía en la embestida el cárdeno. Para firmar, suelta el estoque toreando al natural con la mano diestra. Sensacional. No obstante, desafortunadamente pincha dos veces tras una leve petición de indulto, dejando también otro par de pinchazos hondos que no surten efecto. Finalmente, acaba con el cornúpeta mediante una estocada entera desprendida. La recompensa se limita a una vuelta al ruedo.

La corrida de La Quinta ha tenido una ideal presentación, de pelo mayoritariamente cárdeno, bajo el embarque y rematado, me atrevería decir que incluso apto para plaza de segunda categoría. A destacar el tercero, de mejor presencia de la tarde, con unas condiciones fastuosas en las telas de Morenito de Aranda, quien supo desorejar al premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre; y el cuarto, encastado y bravo, con el que se abandonó Emilio de Justo consiguiendo triunfo grande, de no ser por la espada.Sobresaliente: Pepe Luis Gallego, de rosa palo y oro con remates negros, quien quitó discretamente en el tercer toro.

Subalternos destacados:

Fernando Sánchez, (banderillero de berenjena y plata), quien sacó una sonrisa al respetable al dejar un sublime par de banderillas en el primer burel, llevando éstas por muy debajo de los hombros en el cuarteo.-

Germán González Barrera, (picador de nazareno y oro), el cual dejó un magnífico puyazo al segundo, ejerciendo la suerte con excepcional pureza, siendo además aplaudido por el público.-

Andrés Revuelta (banderillero de sangre de toro y plata), dejando un excelso par en el tercero, «asomándose al balcón».-

Morenito de Arles (banderillero de negro y plata), habiendo lidiado de capa con sumo mimo al cuarto, debido a la fea voltereta propiciada al girar sobre los pitones, clavándolos en el albero.

Morenito de Aranda:  oreja y dos orejas.

Emilio de Justo: oreja y vuelta al ruedo.

ENTRADA: Un tercio del aforo permitido

Imágenes: capturas obtenidas del resumen de la corrida, televisada por Movistar Toros.

Crónica de Romero Salas

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