Miguel Conde, una trayectoria ejemplar (I).

En la década de los 70, surgió en nuestra ciudad un novillero de acusada personalidad que hizo concebir muchas esperanzas pero no contó con las oportunidades necesarias para haber abierto el camino de la gloria. Pee a los éxitos, las actuaciones en la Monumental no fueron tan abundantes como deseadas pero en las ocasiones en las que actuó logró ganarse el aprecio y el reconocimiento de los aficionados y, pese a haber cambiado de status y del tiempo transcurrido, se sigue recordando el buen toreo de Miguel Conde, del que vamos a conocer sus actuaciones en la capital a lo largo de su carrera como novillero. Trece actuaciones, algunas de ellas memorables, en quince años jalonan la trayectoria del torero de Las Colonias,

La primera actuación fue en la tarde del 16 de mayo de 1.971 en la denominada “Novillada de la esperanza”. En el cartel, erales de Pablo Mayoral para Antonio Infante “Alín”, Manuel Díaz “Cascarilla”, Miguel Conde, Manuel Contreras y el triguereño Ventura de los Santos. A Miguel le sonrió la fortuna en el sorteo pues le tocó el mejor astado del encierro y al que recibió con unosm preciosos lances, luciéndose en un quite por chicuelinas. Con la muleta, inició la faena rodillas en tierra llevando toreado a su oponente por ambos lados, para seguir con buenas maneras con ambas manos y concluir mal con los aceros, por lo que recibió un aviso. No obstante, el público, reconociendo su buen quehacer, le premió con una oreja que paseó por el anillo.

Este triunfo le valió para actuar en una nocturna durante las Fiestas Colombinas, celebrada el 4 de agosto, anunciándose junto a Miguel Luque “Miguelete” y Francisco Núñez “Currillo para lidiar astados de Félix Salas Fernández. Miguel recibió a su primero con dos largas afaroladas jaleándose los lances para lucirse con ambas manos en la faena de muleta que concluyó de una estocada, dando la vuelta al ruedo. En el otro, inició la faena sentado en el estribo para continuar con naturales de buena factura, adornos y manoletinas. Tenía conseguido los trofeos, pero necesitó de dos pinchazos y media, siendo ovacionado con fuerza, dando otra vuelta al ruedo.

A beneficio de la Hermandad de Emigrantes participó en una novillada que se celebró el 1 de julio de 1.972. Ese día estaba anunciado Antonio Rodríguez “El Damián” que no pudo comparecer, por lo que fue reemplazado por Miguel Conde que, además, mató dos erales. Con él hicieron el paseíllo Lázaro Gallego “El Nini”, Francisco Benítez, José Carbonell y Juan Zamorano “Niño de la Cinta”, con erales de Antonio Campo Roja.

 Miguel, en el segundo de la tarde, se mostró muy placeado y con ganas de triunfar, toreando con arte y mando tanto con capote como con la muleta. Volvió a lucirse cuando toreó al natural en tres series, por lo que, tras una estocada, obtuvo las dos orejas de su oponente. En el que cerró el festejo, Miguel repitió el trasteo entre las ovaciones del público pero, en esta ocasión, falló a la hora de matar y todo quedó en una gran ovación por parte de los tendidos.

La temporada de 1.973 pasó en blanco, en cuanto a actuaciones en Huelva, y hubo de esperar hasta el 1.974 para hacer un nuevo paseíllo. En esta ocasión, acompañado de José Cunquero, Antonio Infante “Alín”, Rafaelito Ruiz y Urbano Corbacho quienes lidiaron erales de Víctor Collín. En esta oportunidad, Miguel toreó con gusto y arte, con empaque, con mando como expresó en unas excelentes tandas de naturales llevando al animal perfectamente toreado. Mató mal pues necesitó de varios pinchazos y un descabello. La faena había calado en los espectadores que le premiaron con un trofeo.

Artículo de opinión de Vicente Parra Roldán.

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