Público vs excelencia.

Tras la apoteosis de la corrida de El Parralejo, de origen Jandilla, se anunciaba un festejo con la ganadería del hierro de la estrella para Morante, Diego Urdiales y Manzanares con un no hay billetes en las taquillas.Esto último es a veces un arma de doble filo, pues como alguien me definió un día el público de una tarde de toros, el porcentaje de los que no se enteran de lo que pasa en el ruedo se incrementa y mucho, y no tienen porque entender la excelencia de lo que ocurre en el ruedo. Si a esto se le suma, una falta de sensibilidad de la banda que con determinados toreros suele tocar a destiempo o un presidente que mantiene en el ruedo un toro con un problema en la vista, que el gran público no tiene porque apreciar o que cuando llega una faena excelsa de Morante no tiene sensibilidad alguna y parece que cuenta los pañuelos para no dar un trofeo a todas luces merecido. Para el gran público lo más reseñable de la tarde fue el largo brindis de Diego Urdiales a Joaquín (como se escuchó en un tendido no un jugador del Betis, sino el jugador del Betis), la oreja del consentido Manzanares al sexto y que Morante había moranteado para mal toda la tarde, y que al cuarto no lo había querido ver, alguno ya si eso te comentaba de las verónicas de Urdiales .

Así que está claro, para el público ocasional, ese que  nunca llega temprano, se levanta a destiempo, entra varias veces al caballo de las copas para que le pongan un pullazo a 9 € la copa normal y a 12€ la copa premium y que incluso alguno se permite el lujo de casi derramarla en el sufrido especador de delante al ir a subir, por donde mejor considera, no se le puede hablar de excelencia. 

La excelencia de saber ver a Morante, con un compendio de tauromaquia completa, variadísimo con el capote, ya fuera a la verónica o por chicuelinas, desempolvando viejar suertes como la revertina o las verónicas de manos altas, o el sabor de la musica callada del toreo mientras dibujaba naturales llenos de gracia, que sólo fueron correspondidos por Tejera en la última serie con los sones de La Giralda. Faltó la sensibilidad para corresponder a la magnífica clase de toreo clásico de Urdiales -no se puede torear con más enjundia y más verdad- y se premió con una oreja barata, para los tiempos reales de la tarde, la mediocre faena de Manzanares al sexto, -que de haber entrado la espada hubieran sido pedidas las dos-,al que en otros tiempos hubiera desorejado por derecho como muchos aún esperan que vuelva a torear, ante el posiblemente mejor toro de la tarde. Desgraciadamente la excelencia está reñida con los públicos, porque éste cada vez es más ocasional y con ello menos aficionado.

Foto: Pagés/Toromedia Artículo de Pepe Luis Trujillo del Real.

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