Toreros de ayer: Emilio Silvera González (Parte V).

Nuevo festival benéfico el 23 de marzo de 1.991, trenzando el paseíllo junto a Juan Mora, Fernando Cepeda, Rafael Camino, Jesús Janeiro “Jesulín de Ubrique”, Finito de Córdoba y Manolo Contreras con novillos de Jandilla. Con muchas ganas salió Emilio Silvera y logró los primeros aplausos al recibir con un buen capoteo al novillo, que tuvo bravura pero que presentó problemas que, paulatinamente, fue resolviendo el torero que, con la muleta, se lució en varias series con ambas manos, para concluir de una gran estocada, por lo que se solicitaron los máximos trofeos, aunque la presidencia tan sólo concedió las dos orejas.

El 3 de agosto de 1.991 intervino con Emilio Muñoz y Paco Ojeda para lidiar un encierro de Salvador Guardiola. Muchos aficionados onubenses acudieron a contemplar la actuación del diestro local Emilio Silvera pero, en esta ocasión, la fortuna no le acompañó por cuanto en el sorteo le correspondieron los toros más difíciles del encierro. Su primero se emplazó en el centro del ruedo y la voluntad del torero onubense le permitió dominarlo y hasta lucirse en algunos pasajes, por lo que se ganó fuertes ovaciones. Pero, por el contrario, estuvo muy mal con la espada – necesitó de ocho pinchazos, estocada perpendicular y dos golpes de verduguillo – por lo que los tendidos guardaron silencio. Buscó el triunfo con el que cerró plaza, pero el excesivo castigo prácticamente le dejó hecho un marmolillo que apenas se movía. Tres pinchazos tuvo que dejar Emilio Silvera para acabar con él, recibiendo una ovación de agradecimiento.

Nueva actuación el 23 de agosto de 1.991 junto a Víctor Mendes y Jesulín de Ubrique con reses de Fermín Bohórquez. Mucha voluntad y entusiasmo puso Emilio Silvera a lo largo de todo el festejo, pero se encontró sin muchas posibilidades de triunfo a lo largo de toda la noche. En su primero tuvo algunos, pocos, momentos de lucimiento y, para colmo, no usó bien los aceros, por lo que fue avisado. Peor fue el quinto, prácticamente parado, y el onubense tan sólo pudo estar por la cara con cierta brevedad antes de repetir actuación a la hora de matar, escuchando otro recado presidencial y, desde los tendidos, le llegaron algunas palmas al rematar su actuación que no llegó a satisfacer a sus incondicionales.

El 28 de febrero de 1.992 hizo el paseíllo con Tomás Campuzano y Martín Pareja-Obregón con toros de El Palomarejo. Los primeros aplausos los obtuvo Emilio Silvera al lancear a su primero y que presagiaba un buen trasteo, como llevó a cabo el onubense, con un excelente inicio con la mano derecha para crecer con el templado toreo al natural, entre las aclamaciones de sus partidarios, pero los fallos a espadas le privaron de trofeo que cambió por un aviso, teniendo que agradecer desde el tercio la ovación del público, satisfecho con el quehacer del onubense.  Con el flojo quinto, tuvo que cuidarlo para evitar sus caídas, toreándolo a media altura en una buena faena que no tuvo la rúbrica con los aceros por lo que paseó el anillo. En conjunto,  Emilio Silvera completó una buena tarde, superando a sus enemigos, pero, sin embargo, no fue capaz de matar a ninguno de sus dos toros, por lo que perdió unos trofeos que, prácticamente, tenía en sus manos.

El cartel soñado por la afición onubense se ofreció el 3 de agosto de 1.992, con Silvera, Litri y Chamaco con toros de Los Guateles. Emilio Silvera comenzó muy bien al torear con ambas manos en una faena en la que condujo a su oponente en series de excelente calidad entre la satisfacción de los tendidos. Tras estocada perpendicular y un descabello logró la primera oreja de la tarde. Con el cuarto, que se apagó tras dos puyazos, Emilio intentó el toreo de calidad en varias ocasiones pero el animal no pasaba, por lo que optó por coger la espada y dejar un pinchazo, una estocada y dos descabellos, recibiendo una ovación por parte de los espectadores.

Artículo de Vicente Parra Roldán.

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