LAINE, COGIDO EN UNA NOVILLADA CELEBRADA EN 1.927

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El triunfo cosechado por Diego Gómez Laine hizo que dos semanas más tarde, la empresa del coso onubense montase otro festejo con la presencia, lógicamente, de dicho torero que estuvo acompañado por Antonio Maestre “Nene” y el debut de Burgos.

Para la ocasión se eligió una novillada de Juan Belmonte que fue buena en líneas generales, nobles, suaves y blandos y si presentaron alguna dificultad fue debido a la mala lidia ofrecida con abusos de capotazos.

Antonio Maestre “Nene” estuvo muy bien, dejando satisfechos al respetable. A su primero lo lanceó vistosamente y, con la muleta, se lució en varios pases, mostrándose siempre valiente y voluntarioso para culminar de una estocada que le supusieron las dos orejas y el rabo. Al cuarto lo tomó con la muleta en pases excelentes mandando primorosamente. Dejó media estocada delantera, dos pinchazos y una estocada entera de la que salió volteado, acabando el puntillero de forma acertada mientras se ovacionaba al diestro por la buena labor llevada a cabo. Tuvo que matar el quinto por percance de Laine y lo muleteó inteligente y brevemente despachándolo durante la caída, volviendo a escuchar palmas.

Siempre con ganas de agradar estuvo Diego Gómez Laine y el público, con sus ovaciones, le agradeció su entrega. Se lució en su primero con tres grandes verónicas y con la muleta llevó a cabo una faena artística y adornada para necesitar tres pinchazos, media y tres descabellos, recibiendo muchas palmas. Nada más iniciar la faena de su segundo, fue enganchado por el muslo y arrojado violentamente. En el segundo encuentro, le arrancó la muleta de las manos, arroyándolo y cogiéndolo en el suelo, siendo trasladado a la enfermería donde fue atendido de un varetazo en la parte antero-interna del tercio superior del muslo derecho; de una herida en la región escrotal de igual lado de un centímetro de longitud; contusiones en distintas partes del cuerpo y un estado de colapso cardiaco.

El novel Burgos apuntó el toreo en algunos lances de capa y muleta. No estuvo afortunado con el primero y sonaron los tres avisos mientras que al que cerró plaza también tardó en finiquitarlo e incluso sonó otro recado presidencial.

Por Vicente Parra Roldán

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