Los coches no andan solos.

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DSC_8353La gran variedad de vehículos que uno encuentra en el mercado es infinita, hoy en día los coches son potentes, tienen repris, aguantan kilómetros y kilómetros sin repostar y son todo comodidades, pues eso señores antes no pasaba.

Antes los vehículos precisaban de revisiones más constantes, eran motores con menos potencia, sin las comodidades de hoy en día, y de vez en cuando se calentaban, perdían fuelle en las subidas y en algunas rectas si iban muy cargados, llegando incluso a parar con un calentón, teniendo que bajarse  el conductor a levantar el capó, esperar que pasara un poco el tema, en algunos casos ir previstos de la botellita de agua para rellenar el radiador. A veces incluso con todas las precauciones, la grúa tenía que venir para ayudarte y llevar el coche al taller. Pero no a todos los conductores les pasaba, los había prudentes y conocedores de las posibilidades de su máquina y la mimaba para que aquello no ocurriera o al menos intentarlo, cambiando de marcha en su momento, jugando con el embrague y el acelerador para soportar las subidas, logrando mantenerlo en un ritmo que al menos te valiese para llegar hasta el final.

Otros más impulsivos y con ganas aceleraban, pero a destiempo y cuando el vehículo con motor suficiente para subir una cuesta empinada precisaba de mano firma al volante, no eran capaces de aguantar el ímpetu el motor, ahogándose con un mal cambio de marcha, cambiando de carril para adelantar con vehículos en contra y no consiguiendo llegar al final como la máquina requería.

También los noveles aún con la “L” en la luneta trasera de su flamante coche quieren ser conductores avezados y diestros en las lides, pero como todo precisa de aprendizaje, a pesar de ello es capaz de montarse en un vehículo de los antiguos, cambiar de marcha a su tiempo y mantener a su ritmo sin que el motor se caliente, es capaz de adelantar a otros conductores más avezados y pasar sin miedo por carreteras sinuosas y angostas, porque tiene muy claro que quiere llegar a la cima.

Esperemos que los coches de caballos en el Real, no se atasquen en el albero y fluyan por sus calles bajo las ágiles manos de los cocheros.

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