Toreros de ayer: Emilio Silvera González (Parte VII)

Su nueva comparecencia fue en un festival el 13 de febrero de 1.994, actuando junto a Litri y Jesulín de Ubrique con novillos de Carmen Borrero, Garcibravo, Concha y Sierra, José Ortega, Hijos de Celestino Cuadri y Manuel Ángel Millares. Muchas personas no se habían acomodado en sus localidades cuando Emilio Silvera empezó a dejar muestras de su torería con el buen novillo de Carmen Borrero, al que le sacó varias tandas de ensueño que hicieron disfrutar a los aficionados con una faena muy importante y que tuvo como colofón un estoconazo. Dada la amplitud del trasteo, sonó un aviso pero el público premió al torero choquero con las dos merecidas orejas de su oponente. Se encontró con la otra cara de la moneda en el cuarto, por lo que apenas tuvo opción de lucimiento y, de ahí, que, tras una breve porfía, acabara, en esta ocasión, mal con su oponente, por lo que fue fuertemente ovacionado por sus seguidores.

El 7 de agosto de 1.994 lidió, junto a Chamaco y Pedrito de Portugal, una corrida de Carmen Borrero. Abrió plaza Emilio Silvera que se encontró con uno de los pocos astados buenos y el choquero logró unos bellos doblones por bajo para ir ahormando a su oponente antes de llevárselo a los medios para instrumentarle dos bellas series de rechazos a las que siguieron varias series de naturales de magnífico trazo, llevando muy toreado al animal tras haber entendido a la perfección las condiciones del astado. Dejó una estocada corta y fue premiado justamente con la primera oreja de la tarde que paseó entre grandes ovaciones. El cuarto apenas dio facilidades pero, de nuevo, Emilio Silvera estuvo muy encima de las posibilidades del animal, logrando encelarlo en su franela para sacarle series muy estimables, por lo que, al matar de pinchazo, estocada atravesada y un descabello, además de oír un aviso, fue premiado con otra oreja.

El 25 de mayo de 1.995 intervino junto a José Antonio Campuzano y El Dandy, con toros de José Luis Pereda, en una corrida nocturna. Accidentado tercio de banderillas en el segundo de la tarde al saltar como espontáneo el banderillero Manolo Roca que pretendió colocar un par de rehiletes. Tras este incidente, llegó la calma y Emilio Silvera logró varías series muy templadas y superando las dificultades de su oponente. Terminó de pinchazo y estocada y para él fue la primera oreja. Con el quinto, que pareció tener problemas de visión y fue muy andarín, no pudo tener lucimiento por lo que al concluir de pinchazo y media-baja fue obligado a saludar.

Nueva actuación el 6 de agosto de 1.995, con Ortega Cano y Finito de Córdoba con toros de Gabriel Rojas. No tuvo fortuna Emilio Silvera con su primero que se dio una voltereta que, prácticamente, le dejó sin fuerzas para el resto de su lidia. Buen toreo de capote, así como el inicio de faena de muleta con unos valientes estatuarios, pero el animal no podía con su cuerpo y el onubense tuvo que abreviar. Tras una estocada y cinco descabellos, recibió un aviso y tuvo que saludar para agradecer la ovación del público. Con el quinto, un manso aquerenciado en tablas, pudo sacar algunos pases sueltos antes de llevarse un susto al resbalar ante la cara del animal. Su voluntad y deseos de triunfo no encontraron material apropiado y, tras dos pinchazos y media, paseó el anillo para corresponder a las ovaciones del público, que comprendió que el paisano no había tenido material para el triunfo.

Artículo de Vicente Parra Roldán.

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