Eternamente verdad…

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Verdad, eso fue lo que se vivió ayer en la Real Maestranza de Caballería, más de tres horas de un espectáculo lleno de la verdad más absoluta y pura. Una verdad sin filtros, transparente, de esas verdades que llegan al alma y te la rompen por dentro para zarandear los pilares de tu ser. Verdad sin adornos ni alamares, la verdad del alma, la que se desprende y derrama en cada gota de aire que se respira, esa verdad con la todo empieza y termina en el instante del suspiro.

Todo fue verdad en la tarde de ayer, desde que rompió el paseíllo a los sones del pasodoble Manolete, en homenaje a los cien años del nacimiento del que con casi total seguridad ha sido el más grande torero de la historia, hasta que las mulas arrastraron al último hacia el desolladero.

Seis cárdenos llenos de verdad, inundaron el ruedo maestrante de pureza, sustancia y sensibilidad. Cada uno con su juego y estilo, pero todos desprendieron de su alma la esencia pura de la bravura, esa con la que sueñan todos los criadores de raza brava. Verdad sin remilgos ni remiendas, verdad por imposición, verdad de ley.

Verdad en el brindis al cielo de seis banderillas que recordaban al padre, al amigo y al maestro. Brindis que escenifica la verdad más absoluta del toreo, que nos es otra que la muerte.

Tres matadores de toros que dejaron el caparazón de la estética en las habitaciones de sus hoteles y llegaron abriendo las manos en señal de verdad y franqueza. Tres faena donde los conceptos básicos del toreo, rompieron los moldes de la verdad. Tres faenas llenas de naturales rotos en el tiempo y la forma. Tres instantes donde la verdad se clavó en el pecho en forma de trincherillas, remates por bajo y derechazos dando el pecho de frente.

Una tarde donde la verdad prevaleció a lo estéticamente comercial y donde se demostró una vez más que el toreo es infinito, eterno, ilimitado e interminable, siempre y cuando sea verdad, todo lo que se vea allí abajo.

Y ahora cuando estoy llegando al desolladero de la cruda realidad, sólo me viene a la cabeza un pensamiento…..

¿Por qué no vende la verdad?….Bueno pensándolo mejor, porque nos quieren vender algo que no es verdad. Eso sí tiene fin, esa mentira indómita que quieren meternos a calzador y por imposición suprema de los mercaderes del toro. Esa se compra un tiempo, hasta que el que paga se da cuenta que nada es verdad.

Y es en ese momento, cuando tarde como la de ayer hacen que el torea sea eterno.

¡A ver si nos vamos enterando!……

Por David Márquez Ramos

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